El 21 de diciembre recibí un wasap de Carmen preguntándome si podía acoger a un pizquito. Como las supernenas acababan de irse la verdad es que me apetecía el descanso, pero no me supe negar. Menos mal que al final era una acogida temporal de una semana, porque las chicas de su casa de acogida se tenían que ir a su tierra.
Y así apareció MiniMao en casa. Se llamaba Chip, pero como es igual a Mao, el gatete que tuve las navidades pasadas en acogida temporal, lo más fácil era re-bautizarle para la semana que estuviera conmigo.
Era un gatete caríñosísimo y super sociable que le gustaba siempre estar conmigo -o con alguna persona. El primer día Laura estaba en casa y estaba con ella todo el rato y hasta durmió con ella!
En su afán de estar encima de la gente no dudaba en treparse hasta mi hombro!
También le encantaba el calorcito y lo buscaba como un loco, no sé si porque pasara mucho frío en sus primeros días de vida, pero lo mismo le valía la salida de aire del portatil,
que el radiador
o hasta la vitrocerámica! Qué peligro...
Muy hablador y muy divertido, aunque eso de que fuera solo uno me obligaba a entretenerle más y a darle un poco de caña.
Fue una estancia muy breve pero bastó para que me diera penusca cuando se fue.
¿Del uno al diez, cuánto me molesta que estén hozando entre los envases para reciclar, lamiendo con fruición latas vacías de atún, de su comida... de quién sabe cuándo? -calcula mi mente en una fracción de segundo. "Un siete" -se responde. Vale, pues entonces que sigan. Total, mientras están haciendo eso no están haciendo otra cosa que me pueda importar más.
Así debe de ser como los padres malcrían a sus hijos
Lo de siempre; los gatos te siguen a todas partes, incluso cuando vas al baño.
Ayer en una de mis incursiones a visitar al Señor Roca, después de tirar de la cadena, Shira se quedó mesmerizada mirando al abismo del váter. Sin bajar la tapa, para que mirara lo que quisiera, salí del baño y ahí la dejé. Al cabo de un rato pasé por allí y me la encontré tal que así:
¿Qué búscas, Shira?
Mientras me partía de risa pensé "está bebiendo agua". Lo cual no me importa demasiado, porque a fin de cuentas el baño está limpio y los gatos tienen defensas para el agua que no está perfecta, ¿no? Y se limpian el culo a lametazos. Total, que me fui corriendo a por la cámara para inmortalizar el momento, pensando que quizás a mi vuelta Shira ya estaría a otra cosa.
Me equivocaba; estuvo al menos un cuarto de hora inspeccionando el váter. No sé si después de tanto tiempo consiguió descifrar su destino en los posos, si llegaría a alguna conclusión existencial... si lo hizo se lo guardó para ella solita.
La primera vez que oí el concepto "café de gatos" fue en un documental sobre japón, el imperio de los sin sexo. Según cómo lo presentaban venía a ser un café lleno de gatos pululando donde los japoneses iban en busca de un poco de interacción y de afecto. No podías coger a los gatos o molestarles de ninguna manera, solo acariciarlos si se dejaban gustosos. El pobre japo que salía en el docu (que con todos mis respetos era un loser de aúpa) llevaba golosinas ricas para camelar a los gatos, pero se quejaba de que estos cogían las golosinas y se piraban, dejándole solo y desangelado... "¡adopta tu propio gato, loser!" pensé yo. Estos japos están como cabras, los pobres.
Unos meses más tarde, en la calle Argumosa de Lavapiés apareció... ¡La Gatoteca! Chúpate esa. Exáctamente el mismo concepto; paga (4€ por media hora o 6€ por una hora -con café, té o refrigerio gratis) por sentarte en un café rodeado de gatos. Ahá...
Aquí por lo menos tienes opción a adoptar al gatete que te haga tilín.
Estas son Cindy y Shira, las últimas gatitas que están en casa esperando que les encuentre su familia para siempre.
Fueron rescatadas de una colonia, y son hermanitas de madre de unos que tuve el año pasado; Paty y Lino, y como ellos, son super especiales. No sé exáctamente qué es lo que hace a unos gatitos más especiales que a otros, quizás sea algo personal, una sintonía... El caso es que estas pequeñajas me sacan toda la ternura, el buen rollo, las risas y el achuche que tengo dentro.
Aunque son parecidas físicamente se las distingue porque Cindy es más oscurita y un poquito más grande; además tienen una carita y una expresión muy distinta. Son las dos muy, muy sociables y nada miedosas; el primer día que las trajeron se pasearon por la casa explorándola como si supieran que era su futuro campo de acción, sin ninguna reticencia ni ningún rubor; como las princesitas guerreras que son.
Sus horas de actividad frenética son las primeras de la mañana y las últimas de la noche; el resto del tiempo están dormitando, se levantan un rato para seguirme cuando voy a la cocina o me ven haciendo algo que despierta su curiosidad -como barrer, cepillarme los dientes... O si oyen una mosca zumbando, se ponen en acción a perseguirla de habitación en habitación como si fuera la más codiciada presa.
Shira es lo que se llama "una gatita habladora". Se comunica maullando, sobre todo para atraer mi atención y que haga lo que ella quiere. Suele ser en la cocina, cuando me estoy haciendo el té o cualquier otra cosa y ella no puede ver, maulla insistentemente muerta de la curiosidad hasta que la subo a la encimera. No es que quiera comida, solo quiere cotillear, y desde abajo no puede! También a veces sólo quiere que la suba para poder pedirme un rato de mimos.
Cindy no es tan habladora; su especialidad es hacer la croqueta. Esto es; se acerca a mí, empieza a andar como medio borracha, hasta que decide de qué lado caer, cabeza primero, y se revuelca sobre su espalda ofreciendo su tripita para que se la sobe. Cuando quiere sobe en la cabeza, la aproxima a la mano que está en la tripa, muy elocuentemente, y vuelta a empezar. Pero también es más intrépida que Shira -y se atreve hasta con las boas!
Son las dos inseparables, y afortunadamente todos (sus rescatadores, su anterior casa de acogida y en la asociación) estamos de acuerdo en que tienen que seguir juntitas, encontrar una familia que las quiera a las dos. Y de verdad creo que esa familia será feliz y se sentirá afortunada con esta pareja tan especial.
Este es Mao. Antes se llamaba "Skunk", mofeta en inglés, pero le cambiaron el nombre porque decían que al pobre no le había traído buena suerte. Por lo que me han contado, a su dueña le dio un jamacuco mental y se tuvo que volver a Inglaterra en bastante mal estado, y Mao fue acogido por unas universitarias jovencitas. Cuando se fueron de vacaciones de navidades a sus respectivas casas, entré yo en la ecuación.
Como se puede apreciar Mao es un gatito muy guapo...¡todo un seductor! Con esos ojazos verdes, su naricita rosada... uno de los gatos más guapetones que he tenido, ¡y mi primer gatete blanco y negro, que tenía yo ganas, oye!
Me gusta su manchita con forma de corazón
Le encanta la bañera, ya me lo avisaron las chicas de su anterior casa de acogida. Además se ha acostumbrado (mea culpa) a que cuando se mete en la bañera yo le abro un hilito de agua, y él se queda mirándolo fijamente y luego intenta cogerlo y olerlo, y acaba dándole lametones. Cada vez que me oye meterme en el baño salta de un brinco a la bañera y se queda mirando al grifo, y yo no tengo el corazón de negarle su entretenimiento.
El pobre Mao es muy bueno, pero yo creo que le falta espacio en casa; las chicas dicen que allí se pegaba unas carreras que pa qué, pero aquí le falta sitio, así que se sube por las paredes. Literalmente -yo nunca había visto nada igual. También le encantan las ventanas, así que en cuanto oye que estoy abriendo una aparece de la nada como una exhalación; yo le dejo asomarse bajo mi atenta supervisión, para que se entretenga. Creo que Mao sería feliz si pudiera ser un gato de exteriores; salir a su jardincito, mirar los pájaros como hace desde la encimera de la cocina... incluso intentar cazarlos.
En general es un gatete aventurero pero a la vez muy "well behaved"; un día hasta se me llegó a subir a la nevera, pero no tiró ninguno de los frascos que tengo ahí; todo un ninja.
Hay solo una cosa que me preocupa de Mao, y es un comportamiento de juego un poco brutal. Sobre todo por las mañanas cuando acabo de despertarme pero aún estoy en la cama, o cuando le estoy acariciando y él está tan contento ronroneando... de repente se queda mirando fíjamente mi mano...¡y la ataca como una bestia! Me mordisquea la mano mientras me coge el brazo con sus patas delanteras para que no se le escape, y a veces añade las patas traseras, en ese movimiento que usan para destripar sus presas... Afortunadamente lo tengo ya más o menos controlado; me he informado en internet sobre cómo actuar y cuando detecto los primeros síntomas del ataque cruzo los brazos escondiendo las manos. Ahí estamos, en rehabilitación, pero me da pena pensar que podría ser un obstáculo para que sea adoptado -esperemos que la terapia vaya bien y deje de hacerlo para que pueda encontrar una familia que le quiera, porque se lo merece!
Hace un par de años tuve un gatito en acogida, Neko, cuya familia adoptiva le entrenó para que cogiera las pelotitas de papel que le lanzaban y las traía para que se las lanzaran de nuevo. Yo no había oído hablar de que los gatos hicieran esto, pero por lo visto no es tan inusual; también Tirillas lo solía hacer.
El caso es que estoy encantada, porque Paty y Lino tamibén son fans de la pelotita -aunque solo Paty me la trae- y no siempre en seguida. Pero esta vez tuve suerte:
Hace tiempo lo ví en internet; una especie de alfombra/ tapete circular, que al acabar los juegos ponías todos los juguetes encima, tirabas del cordón que rodeaba el perímetro y ¡hala! ya habías recogido. Me pareció una idea fantástica y me propuse hacerlo algún día. El jueves fue el día en cuestión y la afortunada receptora será mi sobri Sarita (y sus afortunados padres).
Como telas utilicé un macro-retal de mariposas que me quedó del "mantel de verano" que me hice en julio y una tela azul de unas cortinas que hace siglos que no usaba. Me encanta cuando puedo hacer eso; reciclar y no tener ni que salir a elegir telas.
La primera fase del asunto consistía en cortar dos círculos grandes. Para ello doblé la tela en cuatro, sirviéndome del metro de medir (que hubiera valido un cordel) tracé un arco con una tiza y a cortar! Una vez tenía cortada la tela de mariposas, la posé sobre la azul -también doblada en cuatro- y a cortar de nuevo.
Lo de cortar parece fácil, y lo es si no tienes gatos. El sonido de las tijeras cortando la tela les encanta, y les hace querer comerse las tijeras (o eso parece). El caso es que ponen las patas encima para cogerlas y tengo que andarme con cuidado para no cortárselas. Las patas, o los bigotillos cuando se las intentan comer... La verdad es que me desesperaba y divertía a partes iguales.
"Ay, qué a gusto estoy, de aquí no me muevo. ¿Qué pasa, molesto?"
Al acabar hay que retocar un poquillo para que los dos círculos queden iguales, y con la "ayuda" de los gatetes, todo es más entretenido.
Luego hay que cortar una tira de la tela azul y coserla todo alrededor de los círculos para pasar el cordón, y básicamente ya está. Por cierto, el cordón fue lo único que tuve que comprar, y me costó un euro los cuatro metros, así que me ha salido baratito el regalo.
Chisme abierto
Chisme cerrado
Detallito de la casa ;)
Esta tarde se lo llevaré; a ver cuales son las impresiones.
Poco después de llegar de mis vacas en Villager recibí una llamada de la protectora para decirme que Lola y Luna, la pareja de negritas, habían conseguido enamorar a su familia de acogida temporal y ya estaban adoptadas, ¡qué alegría más grande! Pero la buena noticia tenía trampa y a continuación llegó la segunda parte; había otro par de gatitos en la cola de espera... ¿podría acogerlos? Como soy una blanda, aunque tenía aún pendiente mi semanita en la playa, no tuve más remedio que dar el sí. Cuando vi la foto de los peques me enternecí; no me digáis que no son bonitos.
El problemilla es que estos peques estaban (y están) aún sin socializar del todo. En una de las colonias de gatos que ya estaba controlada por el método CES (capturar, esterilizar, soltar) apareció una hembra en estado de buena esperanza que a los pocos días tuvo cinco peques. Cuando los gatitos pudieron ser destetados, fueron separados de su mamá capturándolos con una jaula trampa. Y claro, los pobres fueron callejeros los primeros meses de vida y aprendieron de su mami a huir de los humanos, por eso ahora requieren "terapia" de socialización.
La dulce Paty
El tímido Lino
Poco a poco, aunque sea lentamente, se va notando progreso. Paty ya está prácticamente ganada; se está aficionando bastante al sobe, ronroneando encantada. Lino va mucho más lento y es más miedoso, pero ya no sale corriendo a esconderse en cuanto me pongo de pie o me muevo, se pasea tranquilamente y juega por el salón y coge trocitos de comida de mi mano. Anoche, después de un par de semanas en casa, incluso me dejó tocarle un ratillo, y hasta ronroneó! Pero cuando le acaricio el lomo, en vez de levantar el culillo al final para que le acaricie el rabito, lo baja para que la mano "resbale" y se pire antes.
Lo curioso es que los avances conseguidos en un día (normalmente por la noche) a la mañana siguiente se han revertido -aunque cuesta menos volver a conquistarlos.
Pero soy optimista. Y más me vale serlo, porque es una responsabilidad "preparar" a los peques para que puedan ser adoptables y encuentren una familia en la que ser felices; a veces no sé si debería "trabajar" más con ellos o si es mejor que vayan a su ritmo, pero suelo optar por lo segundo.
Con Paty he descubierto una cosa muy peculiar que nunca había visto en mis años de casa de acogida, ¡con la de gatitos que han pasado por aquí!: el castañeteode acecho. Cuando ayer le ví haciéndolopensé que le pasaba algo raro, pero me fijé y ví que lo hacía cuando estaba acechando a una mosca, como se se pusiera nerviosa anticipando el salto. Lo gogleé y ahí estaba. ¡No os perdáis el vídeo, que es muy cortito!
Por último, como a todos los gatos les encanta "cazar agua". Con eso me refiero a que aunque tengan lleno su bebedero, pasan de ella, pero si se la encuentran por ahí -en un vaso, en la regadera, el lavabo...- se lanzan ansiosos, y ni siquiera les importa que el chorro del grifo les esté cayendo en la cabeza! :D
Ya me imaginaba yo que no iba a funcionar tan bien como en el vídeo de internet, pero si no lo haces no lo sabes.
Así que aprovechando que iba a ser el último día de Lola y Luna en casa (si hay suerte y su familia de acogida mientras estoy de vacaciones se "enamora" de ellas) les hice una bola de hielo, a ver qué pasaba.
Como siempre me gusta aprovechar los materiales que ya tengo en casa, y globos no tenía...
He de decir que los dos primeros se me rompieron; uno en el suelo de camino al congelador, y el otro en el cajón. Pero yo perseveré -o podríamos decir en esta ocasión, preserveré- y a la tercera, y después de 24 horas de espera, conseguí la victoria en forma de bola de hielo.
Lola leyendo su futuro en la bola.
Viendo las fotos a alguien le podría caber alguna duda respecto al interés de las gatitas en la bola... ¿Les gustó tanto como a las del gif de internet? Bueno, os diré que esta última foto es más descriptiva de su opinión.
Aquí hay un pequeño vídeo para sacar a cualquiera de dudas. Lametazos no hubo ni uno:
Hace un mes estaba ojeando mi Facebook cuando vi un post de Protección felina, la asociación para la que soy casa de acogida, que me toco la fibra sensible. Era sobre los gatos negros; decían que tenían 17 gatitos bebés en adopción que se les acumulaban porque por lo visto no son muy populares. Me dio mucha pena, y aunque nunca reenvío sus publicaciones porque sé que mis poco más de diez contactos en esta red social no estarían por la labor de adoptar un minino, si se compadecían y reenviaban, quizás podría así salir algún adoptante para estos monstruitos.
Busqué una foto de Tirillas -un gato negro que vive con Laura y que es mi gato favorito de todos los que he conocido, un poco como mi "ahijado" gatuno- para añadirla a la publicación. En el momento en que le tenía en la pantalla del ordenador, me llegó un wasap de Carmen de Protección Felina; que si podía acoger unos gatitos. Yo, que claro. Me envió la foto de los gatitos (las gatitas) en cuestión... ¡¡¡dos gatitas negras!!!¿¡Serendípity or what?!
Así que aquí las tengo. Son Luna y Lola. No estoy segura de no haberles cambiado el nombre porque a menudo pierden las cintas de distinto color que les he puesto para distinguirlas, y más o menos "adivino" cuál es cual... y es que son prácticamente idénticas; solo se distinguen en que una tiene los ojos casi imperceptiblemente más claros, y es un poco más mimosa. La más mimosa es Luna.
Dice Carmen que los gatos negros tienen una personalidad distinta, que son más tímidos y más reacios al contacto humano y tardan en coger confianza. Yo no lo hubiera creído, pero estas dos son ciertamente diferentes a todos los demás que he tenido en acogida; son muy buenas y muy, muy... muy juguetonas. Un poco trastos, la verdad; he tenido que transformar la decoración de la casa para adaptarla a sus ganas de explorarlo todo, y sus consecuencias, sobre todo las plantas, que les chiiiflan. Como muestra, este botón -pobres tréboles, pero ya estaban de capa caída y decidí sacrificarlos a los juegos de las peques; y cómo los disfrutaron...
Aunque les gusta mi compañía y suelen estar donde estoy yo, no suelen pedir mimos. Cuando me acerco yo y les acaricio la cabecita, la apartan como diciendo: "¿tú adonde vaaas?" Poco a poco van aceptando las caricias e incluso pidiéndolas, pero en su propios términos y a su propio tempo. A mí me mola mucho que sean así, independientes, aunque procuro ir acostumbrándolas al sobe, porque los adoptantes suelen querer gatitos mimosos.
Las pobres están pasando musha caló, y la mayoría de las veces buscan superficies fresquitas para echarse a dormir; el cristal,
el suelo...
...y otras opciones más creativas.
Se llevan las dos genial, y entre siesta y siesta juegan como locas; pegan unos saltos y se echan unas carreras... dándolo todo. Luego tienen también sus momentos cariñosones de hermanas bien avenidas; a veces a Lola le da por mamar de Luna, que le deja hacer resignada, como diciendo: "Bueno hija, si te hace feliz tú dale..."
La semana pasada les salió un adoptante que me aseguró que iba a quedarse con las dos. Yo estaba contentísima de que no fueran a separarse, pero tras unos cuantos intentos de que viniera a conocerlas, salió con una excusa peregrina y vuelta a empezar. Lo malo es que en agosto me iré de vacaciones, y si aún no las han adoptado tendrán que irse a otra casa de acogida. A ver si hay suerte...